Estuve allí…
Caminante del camino,
con toda la belleza
que Dios me regaló.
Y pasaste de largo,
de prisa a tu destino,
tus ojos distraídos
no posaron en la flor.

Estuve allí…
Tan cerca del camino
Obviando tu belleza altiva,
viendo como pasaban a tu lado
esos pasos sin destino.
En la soledad de tu espera.

Y llovió ligero y con tormentas,
y el viento sin piedad me dobló.
Más cuando la tormenta se fue,
y el viento cesó,
me levanté de nuevo con fuerza
mirando al sol.

Y llovió cual rocío sobre mis pétalos,
Blancos de pureza, bellos y ajados.
Y se cubrió de noche
el centro de tu corazón
Reluciente como el sol
!Y miraste al cielo con dolor!.

Y volviste a la tarde caminante,
con la mirada triste y solitaria.
Empañaron las lágrimas tus ojos,
tu espalda encorvada y dolorida,
que me miraras no permitió.

Caminante desdichado,
caminas lento y absorto,
Perdiéndote la belleza del camino.
¡Aquí estoy! Esperando una mirada
Para responder tus preguntas
del Sí… o No
Mientras arrancas mis pétalos
Con tu imaginación.

Y el tiempo pasó… Y mis pétalos
fueron marchitando con el otoño.
Tus pasos ya no volví a escuchar,
el invierno llegó y quedaste en el olvido, bajo un sepulcro tan frío.

Y llego el otoño,
con sus colores tristes
Entre el frío de unas lágrimas
Y te olvidaste que esperaba
con amor una mirada.
Y desfallezco en tus pasos.

Entonces se escucharon voces…
¡Busquemos la flor
a un lado del camino!
Para adornar esta tumba tan triste.
¡La flor esta muerta!
Se escuchó un grito.
Ella murió de soledad…
Pero tú… Nunca lo supiste.

Y llegó el invierno, y me cubrí de escarcha.
Se helaron mis labios blancos,
mi tallo verde y oscuro.
¡Tengo frío en esta espera!
No vendrás a por mi… Llegas tarde.
Ya duermo a oscuras en ese rincón,
donde yace tu corazón. Oí
Y mis lágrimas…¡como si la tristeza!
Uniera nuestros pasos… En el camino del adiós.

© María Luisa Blanco & Esperanza E. Vargas

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