¡Adiós!…Soledad

Un Cuento Pequeño.

Soledad había sido su más fiel amiga desde la infancia. Era un algo posesiva y se adueñó de su corazón.
Ella era una niña, un tanto callada, y el luto de su alma le llevó a refugiarse en tan enfermiza amistad.
Soledad era buena con ella de vez en cuando. Le permitía razonar y meditar de las cosas que aprendía. Sin embargo, cuando ella quería actuar y encontrar otras amigas en quién confiar. Soledad le transmitía temor y desconfianza, y la falta de valor no le permitió sobresalir jamás. Por ironías de la vida su nombre era Esperanza. Su nombre albergaba los sueños de la persona que más le amó. La única Esperanza, su reina, el fruto de un amor incomprendido, pero de un verdadero amor.
Esperanza y Soledad crecieron juntas, soledad era para ella todo lo que tenía. Y al no encontrar a nadie más en su transitar por la vida. Le dedicaba horas y horas a su posesiva amiga.
Dentro de su corazón siempre anhelaba, conocer a una amiga de verdad. Una que realmente le amara, en quien ella confiara, en quien toda su vida le cambiara.
Soledad se sentía segura manipulando a su amiga, quién un tanto abrumada y sin poder escapar, se volvía cada vez más dependiente de Soledad.
Pero un día de tantos, Esperanza se fijó en el cielo, y notó como la luna le llamaba, tras la niebla sus rayitos de plata vislumbraban.
La luna le brindó la nitidez de una amistad libre y sincera, y cada noche Esperanza solía esperar que ella saliera a conversar. La luna le miraba radiante, y con sus manos de plata secaba sus lágrimas, y le brindaba lealtad.
Soledad no conforme le reclamó su traición, y con autoridad le pidió explicación. Esperanza, un poco abrumada le miró a la cara y le dijo estas palabras:
Soledad…Hace tiempo que hemos sido amigas, no olvido que siempre estuviste a mi lado. Conociste de mi lo más íntimo, y contigo lloré de dolor, de impotencia y rabia muchas veces. Eres leal, pero también muy posesiva. Y por muchos, muchos años no me dejaste vivir, robaste mi tiempo, me infundiste tantas veces temor. Y aunque me acostumbre mucho a ti, no resultaste ser esa amiga que yo siempre soñé.
Adiós… Soledad, tras la niebla me espera una amiga de verdad. Me acepta como soy, y de mi solo ha pedido mi lealtad. Yo he aprendido lo que es la felicidad, por primera vez he visto nacer mi sonrisa.
Y Esperanza… Después de decir esas palabras, se dió la media vuelta y se alejó, dando a Soledad la espalda.
Soledad, cabizbaja miró alejarse a la Esperanza, quién llevaba un brillo en su mirada, era un brillo de plata, que le regalaba ahora una hermosa amistad. Y por fin pudo decir desde el fondo de su alma…¡Adiós! ¡Soledad!

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