Algo Para Reflexionar

Hay cosas que no podemos cambiar. Que simplemente suceden y nos afectan de forma positiva o negativa.
Y muchas veces aprendemos cosas buenas de las experiencias malas.
Y aprendemos, a valorar a las personas. Y también la vida.

Seamos conscientes que nuestras emociones, nos hacen actuar de una u otra manera, y en el caso de los niños pequeños siempre son más sensibles y aunque parece que dentro de sus juegos no ponen atención ni parecen afectarles. Lo cierto es que los niños son inteligentes, y también se dan cuenta del ambiente ya sea positivo o negativo que creamos.
Piensa en tus niños antes de hacer o decir algo que puede ser irreversible. Y ya no se podrá enmendar.

Los niños también merecen verdades. Pero hay que adaptarlas acordes a su edad. Usar buen tacto para decir las cosas. Sin importar lo doloroso que sea, merecen una explicación.
No ignores las lágrimas de tus hijos, ni ignores sus sonrisas y sus palabras. Ellos también tienen algo importante que decir y merecen tu atención.
Regalemos un poco de alegría a esos corazoncitos traviesos que conforman nuestra vida. Y pidamos por un nuevo amanecer que urgente necesitamos.

© Esperanza E. Vargas

Un abrazo y saludos a todos.

Y para los que creen en Dios y conocen acerca de Jesús. Recuerden que su muerte tuvo un propósito.
Él pagó un rescate por la humanidad. Entregó su vida por nosotros. Murió como un malhechor llevando nuestro propio pecado. El propósito es poder brindarnos la oportunidad de vivir. Vida eterna dice la Biblia. Pero en condiciones muy diferentes a las del mundo de hoy.

Por un nuevo amanecer que necesitamos todos.

Ésta época muchos celebran de formas distintas. Pero el valor del mérito de Jesús es poco reconocido.
Les dejo con estas palabras. Considerando que no todos pensamos igual.
Pero con todo el respeto correspondiente.
Lo mencionado anteriormente está basado en la cita bíblica que les dejo y que es opción de cada uno. Para leer y meditar. Y de paso, enseñar a nuestros hijos. Porque somos responsables por ellos.
(Juan 3: 16)