De su boca jamás salió un Te Quiero, su timidez no se lo permitió. Y seguía dibujando El Amor, entre los pétalos de una flor.

La espiga dorada de los campos, tomaba la forma de un corazón. Y lo brindaba con ternura, con alegría pero también con temor.

Sus ojos dibujaban lágrimas, de alegría o de tristeza. De las cuales nadie se percataba, las ocultaba en su nobleza.

Sus silencios cobraban vida, entre versos multicolores. Donde florecían sus bellos sentimientos y sus emociones.

Nunca nadie entendió su pena, que sangraba desde su alma. Sabía guardarla secreta, sabía muy bien callarla.

El Amor era y es su bandera, su país la bondad y la esperanza. Su fe traduce lo que anhela, lo que en su corazón guarda.

En los detalles más pequeños, que entrega a grandes corazones. Los que valoran pequeñeces, que escriben largos renglones.

Y así traduce su vida, la vida que no le pertenece. Así hace nacer sonrisas, donde el mundo las oscurece.

El éxito va midiendo, no por cantidades logradas. Con un corazón que responda la pelea está ganada.

Ella entiende que nada es, tan sólo un pequeño grano de arena. Tan diminuto,tan insignificante, ante la grandeza de la tierra.

Es El Amor maravillosa cualidad, indispensable. Qué hace y logra mover la roca más dura, y hace a un corazón… Inolvidable.

© Esperanza E. Vargas