Y miré… Y ví el entorno que me rodea, cada día más oscuro y desolado.
La vida, que traduce al amor y que hemos ido poco a poco exterminando al paso de los años.
Destruyendo con nuestras manos el habitat de seres indefensos que quedaron a nuestro cuidado.
Que poco valor hemos dado, a este preciado regalo. Y seguimos diciendo que amamos, si el amor se manifiesta a diario cuidando nuestros actos. Que para bien o para mal afectarán a aquellos que decimos amar.
¡Qué equivocados estamos!
Con fuego hemos calcinado la vida de seres que solo nos regalan amor.
Con fuego hemos quemado su hogar.

¿Has pensado a donde irán? ¿Por un momento te lo has preguntado?
¿Qué estamos enseñando a nuestros hijos? Que crecen en un mundo sin valores y un mundo robotizado. ¿Compraremos un robot que les brinde el amor, y les muestre la manera vivir porque ya tiempo para hacerlo nosotros no nos ha quedado? Y al final dejaremos para ellos una herencia muerta, porque todo lo hemos quemado con el fuego de la codicia y el egoísmo, y los árboles en vez de frutos produzcan la madera donde hemos de sepultarlos.
Perdón por este duro razonamiento que me produce al mirar El mundo que no queremos… El que hemos creado. Esta tierra que nos ha dado todo y todo le hemos quitado.
Y luego volteamos nuestro rostro al cielo preguntando el ¿Por qué?
Y En lugar de pedir perdón… A Dios culpamos.

© Esperanza E. Vargas