Se que no te encuentras bien, se te nota tu carita triste. Todas las sonrisas que alguna vez te pinté, cambiaron de color… Uno que las lágrimas opacan y su brillo se hace tenue y apagado.

Los ojos de la adversidad se han fijado en ti. Conociendo la pureza que hay en tu alma.
Y ha puesto su marca devastadora clavando una daga en tu corazón ilusionado.

Mi pequeño, mi corazón, como pretendían dañarte y que mi voz se quedara callada. Que mi corazón se ha roto en palabras de la razón ante un corazón orgulloso y falso.

Mi Pequeño… ¿Estás Ahí?
Aquí estoy a tu lado.
Con los pinceles del amor que Dios me ha regalado.
Y no pienso maquillar tu dolor, más bien restaurar lo dañado, que para destreza la mía sin sentir orgullo por ello pero jamás nadie me ha ganado.

Pues no confío en mi propia fuerza, sino en la fuerza de Quién me ha creado.

Te canto una nana mi pequeño. Hombre con corazón de niño cuando de malicia hablamos.

Entre tus lágrimas viaja mi indignación y coraje contra quién resulte responsable de haberlas causado.

¿Estás Ahí? Mi pequeño hoy cambiaremos las pinturas y el pincel será más delicado. Pintaremos con colores pastel, azul cielo y rojo corazón ilusionado.

© Esperanza E. Vargas

Poesía publicada en:

Guarida Peques.

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