Y miré hacia el horizonte, y ví el cabalgar de los jinetes.

Uno a uno dejando sus huellas sobre la humanidad.

Humanidad que llora, que gime, ante la desolación que se percibe. Ante el derrame de tantas injusticias, y de tanta creciente maldad.

Y desfallecían los corazones de los hombres que agobiados no encontraban salida tal. Y se escuchaba el llanto amargo de las mujeres y los niños, viudas y huérfanos siendo víctimas de crueldad.

Sin embargo los corazones eran como piedras rodantes cayendo por los precipicios. Sin embargo las mentes seguían odiando sin parar. Jamás reconocieron el tiempo que se les brindó. Jamás pudieron entender, lo que la misericordia de Dios significó.

Solo pudieron ver un Cielo Roto… Que impactaba sus aguas angustiosas sobre el árido suelo. Sobre los corazones secos de amor y de bondad, piedras que rodaron hacia un desastroso final.

Cielo Roto… Torrente de aguas que reclaman justicia. Aguas que inundan pueblos enteros enterrados por el lodo de la mezquindad.

Jamás un diluvio volverá, pero sigue del último jinete su cabalgar. Cielo Roto… Huracanados vientos, deshielo y fuego. Inminente final.

¡Vamos! ¡Ya Basta! ¡Despertad!

© Esperanza E. Vargas